Veo como poco a poco siento que me acostumbro a los gritos, tanto los de fuera como los que se oyen en mi interior, y cada vez siento una nueva tensión, como una ligera bruma que poco a poco se vuelve más densa, creando un vicio: el aire. 
El camino se llena de cables invisibles que se entrecruzan y entrelazan, impidiéndome el paso. Se crean incluso paredes con rejas que queman los sueños. 
Y al final acabo observando las llamas del fuego, por si me encuentro las respuestas que necesito y que una vez alguien las encontró en otro lugar, y en otro tiempo… y busco algún mapa que algún insensato haya dibujado en la tierra. Termino recurriendo a la desesperación porque mi aparente sexto sentido únicamente me permite percibir la tensión como una telaraña que todo lo abarca, y donde mi limitada percepción número seis se queda atrapada en la seda, y cuanto más se retuerce, más se apresa…
Acabo sentándome con la cabeza entre las manos y mirando entre las cajetillas de tabaco por si hay escondida alguna llave, pero el metal no se ve y tengo que vaciarlas, para advertir que tampoco se encuentra en el fondo. La respiración se hace cada vez más complicada, porque no me he olvidado de esos cables que atan las piernas como si fueran cadenas de hierro que fuerzan delirios, y el corazón resbala por los rincones de esta cárcel. Pero espero cada vez más y más… y sueño tanto y tan firme que mi cerebro se hace añicos. Mi vida transcurre encerrada en una prisión, y aún teniendo mil ventanas, no puedo darme a la fuga…

No hay comentarios:

Publicar un comentario