Ahora mismo, en este preciso instante, me estaba dejando llevar por mis propios sentimientos, que me hacen ser yo misma, que me hacen surgir de entre las entrañas, en lo más profundo de mi ser, aunque sea cuando estoy sola y no hay nadie que me vea.
Me sorprende y me maravilla toda la pequeña pero hermosa belleza que existe en mi.
Hablo de la belleza inconmensurable que oculto porque me siento vulnerable, y temo que alguien la dañe.
Hablo de la belleza que me mantiene eternamente niña, porque toda ella es inocencia que me hace mirar con dulzura infinita a mi alrededor.
Hablo de esa belleza interior que es auténtica cuando la entrego con generosidad y con amor, esa que provoca recuerdos inolvidables, esa que me hace llorar aun cuando no quiero derramar ni una sola lágrima, esa que me permite amar con absoluta pasión y hace que el corazón se dispare y la sangre hierva. Esa belleza que me hace perder la razón...
Ya no hablo solo de belleza, hablo de todo lo que soy, incluso podría hablar de la belleza que tienen esos pequeños detalles que nunca se aprecien, ni tan siquiera se ven, pero que invisibles o no, están ahí o incluso de esas canciones que caen en el olvido para el resto del mundo, pero que aún viven en mi, como un fuego que se ha apagado y solo quedan las cenizas medio ahogadas...
La auténtica belleza no se ve ni se admira a simple vista, solo está ahí formando parte de mi...
Parecerá una estupidez hablar de esto ahora, pero ¿alguien ha pensado alguna vez lo increíble que puede llegar a ser una persona, solo por esa belleza, por ser ella misma? Es increiblemente maravilloso...

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