Y si me quieres dibujar prefiero el gris...


Pensaba que mi cuerpo se deshacía, dejando que el alma se tendiera en la cama, despreciando cada centímetro de pared que me rodea.
No me apetece caminar sola por la misma calle. No soy capaz de mirar a nadie.
Siempre he preferido los tejados para poder alcanzar el cielo, aunque mis saltos (y yo misma) son demasiado vulnerables como para poder tocar las nubes.
Sabiendo además que a cada lágrima caída, mi voluntad y mis sentidos se debilitan más y más…
Volver a ser ceniza.
En cada movimiento él dolor que crecía en mi era mayor cada segundo.
A veces esa huida es posible entre esas cuatro paredes. Lejos. Otras no.
Y siempre vuelvo de ese paseo por los tejados, dejando de saltar en vano intentando alcanzar las estrellas. No puedo sonreir. Aunque siempre es cuestión de segundos.
Soy consciente de que estoy enganchada a las agujas del reloj, en una continua espera.
He hecho una promesa: no quebrantar nunca más el paso del tiempo y dejar que los recuerdos se perpetúen, pero dejarlos en donde estén.
Me he prometido una nueva luna.

"¿De qué voy a lamentarme?,
bulle la sangre en mis venas,
cada día al despertarme
me gusta resucitar,
a quien quiera acompañarme
le cambio versos por penas,
bajo los puentes del Sena
de los que pierden el norte
se duerme sin pasaporte
y está mal visto llorar."

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