En este
momento, la perfección adquiere otro nombre, un nombre de ciudad, donde engorda
sobre el empedrado, se extiende por los muros y me coge por las caderas
mientras me invita a bailar...
Es el
instante en el que Granada se ha convertido en uno de mis grandes amores.
Granada y yo. Yo y Granada. Suena bien. Y puedo decir: “estoy saliendo con
Granada”.
Los
ruidos de la mañana me maquillan la cara, y me siento más elegante cuando me
miro en sus espejos. Los colores rodean cada paso que doy y cada objeto que
miro. Hay colores en todos lados. Unos
acordes empiezan a sonar… sus acordes, dueños de mis días y compositores de mis
noches. Y sus cuerdas vocales tiemblan en mi garganta como si de las mías se
tratara.
Una mezcla
me hace querer continuar este viaje, donde las guitarras se escuchan a los pies
de la Alhambra, donde las cervezas son diurnas y el rock está incrustado en el
pecho. Donde las canciones no tienen
nombre y los mensajes recorren las paredes. Donde la poesía inaplazable reside
en las paradas de autobús. Donde los hombres embellecen las aceras, y las
mujeres el resto. Todo está allí…
La magia
de Granada, que aleja a cualquiera de cualquier parte del mundo a otro
universo. Yo lo he visto.
Sólo ví
la docilidad del río, para saber que quería quedarme. Comprendí aquel acento nativo
y supe (ya antes de venir aquí) que este es mi sitio.

Se nota que estás enamorada de Granada. Yo no la conozco, vivo en Palencia, y el sur... lo he visto muy poco. Córdoba también merece la pena. :)
ResponderEliminarPor cierto, precioso tu blog. Lo leeré de vez en cuando.
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