Si te describo la forma en qué descifraba los jeroglíficos
y, en ocasiones, los mensajes en código Morse. Como se puede interpretar las
mañanas o un sol callado e inocente.
O cómo llegó a pesar en mis oídos las palabras que llegaban
de los labios de aquél hombre: “pruébate”.
Te lo diré: guardando los sonidos y colores que ella dejó un
día, hace mucho tiempo, en mi ventana, observando su forma, su brillo, sus
teclas y el “click” que se oía cuando se pulsaban.
Dejando un viaje al aire sólo de ida en el interior de la
plata. Y viendo la luz a través de los agujeros, permitiendo su metamorfosis.
Y ahora, me encuentro buscando, al este y al oeste. Esperando.
Ya no está. Y estoy
echa polvo.

¿Has mirado bien? A veces lo que buscamos está tan cerca que cuesta verlo...
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